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Humorritmia

La mayoría de las personas se levantan cada lunes con la sensación de que es un día pesado porque comienza la semana de trabajo y los dos días de descanso ya han quedado atrás.  En el argot cotidiano a eso se le llama levantarse con un humor de perros, o sea, de muy mal humor. Otros, en cambio, se levantan de buen humor ese día y cualquier otro porque son capaces de predecir, buscar y recomponer su humor, son los que han sido iniciados en la humorritmia. La humorritmia es una práctica que comenzó en los años setenta después de todos los experimentos con psicotrópicos y demás sustancias correctoras del humor. No obstante, cabe observar que desde la antigüedad y con Hipócrates como precursor, la teoría de los humores es de vieja data, y por eso, muy influyente en nuestra cultura. Decía Hipócrates que el cuerpo humano estaba compuestos por cuatro fluidos básicos: la bilis negra, la bilis amarilla, la sangre y la flema. Cada uno de estos correspondía a los cuatro elementos que conf...

Gente común: Josefina

Toda su vida había transcurrido allí en el pueblo. Todos la conocían y estaban de acuerdo con que había sido una mujer muy trabajadora, hija de una familia "del pueblo de toda la vida”, como se solía decir. Comenzó ayudando a los de la Casa Grande, donde vivía el alcalde que duró cuarenta años en el cargo, porque ¿para qué cambiar si todo funcionaba bien? Comenzó como ayudante y antes de que aquello se convirtiera en su oficio, se fue a la fábrica con apenas dieciséis, y ya llevaba tres en la Casa Grande. Quería evitarse problemas. Sus padres eran los propietarios de una parcela en la que cultivaban hortalizas que luego vendían en los mercados de la comarca. Ella prefería otro oficio menos sacrificado y precario, fue por eso que aceptó lo de la Casa Grande. Sus padres no aprobaban que quisiera dejar la Casa Grande, pero ella insistió e insistió hasta que un día le dieron su permiso. Quería trabajar en la fábrica, un lugar con horarios que le dejara tiempo libre para disfrutar ...

Nube Negra

No se sabía si lo llamaban Nube Negra por esa extraña costumbre que tenía de vestir de negro, o acaso por ese irrefrenable vicio de ponerse siempre en el peor de los escenarios, sea como fuere, el apodo describía correctamente al personaje. En la historia de los apodos nunca se había llegado a uno tan perfecto ni acurado como este. Encorvado ligeramente como quien protege a su propia sombra, se dirije cada día a su trabajo, que, por supuesto, detesta. Pasa por la misma calle cada día, con su vapor saliendo de las alcantarillas, el ruido de los martillos neumáticos, los miserables sentados a la orilla de cualquier acera o banco del parque, es igual por donde pase, la humanidad incomoda con su ir y venir avasallante, sus gritos al teléfono, sus caras lelas redondeadas por unos monstruosos auriculares que se han puesto de moda. Desde atrás mira los culos de hombres y mujeres mal dibujados con esos pantalones anchísimos, otros apretados hasta que los huecos de la celulitis amenazan con rev...

Diversidad

La Doctora en Antropología y etnología, con especialidad en Gastroantropología Ulrike Von Gastrom (nunca un nombre estuvo mejor puesto), comenzó a explorar los hábitos de los millones de personas que llegaron a su país por causa de las olas migratorias debidas a guerras, dictaduras y otras lindezas que hacen imposible la vida normal de la gente en su lugar de origen. Y como era un estudio muy revolucionario, la facultad no escatimó en darle todo lo que ella pedía para realizarlo. Primero , hay que mencionar que como el objeto de estudio estaba por todas partes, la mayoría de los autóctonos comenzaron a quejarse no sólo al ver sus calles teñidas por humanos variopintos sino, también, por ser atacados con olores e ingredientes culinarios desconocidos, la xenofobia era evidente. La doctora Ulrike, quien siempre ha sido muy humanista y detesta esos tics de intolerancia, quiso proponer ese estudio que mostrara, de una manera bastante sutil, la posiblidad de tender un puente entre este nuevo...

Oktoberfest

Ha pateado una lata de cerveza y de repente voltea porque al lado se le ha sentado un tipo árabe con su chilaba y sus babuchas. No es que sea racista, pero le parece que este tipo está fuera de contexto. Aún así, le mira y le pregunta si quiere una cerveza, el árabe le dice que si, esto lo desconcierta un poco, si bien le parece que es lo correcto porque beber cerveza en una fiesta de la cerveza es lo más recomendable. Mientras va al mostrador de ese grandísimo Garden Beer, no le quita vista al árabe, quien sentado, ve a su alrededor como si disfrutara, por primera vez, de esas fiestas. Es evidente que desentona con su indumentaria en el Oktoberfest, y con su actitud serena ante la estridencia de la música, las carcajadas y los borrachos. El otro espera que no haya ningún xenófobo cerca porque, de alguna manera, ese árabe ya es su amigo y es su responsabilidad. Llega con las dos jarras de cervezas, brindan y se las beben como hacen todos, con un sorbo enorme hasta que el dorado líq...

Morí en Barcelona

Morí una vez y fue en Barcelona. Sí, me morí y ni siquiera lo supe. Tampoco sé la causa. Ignoro si fue un accidente, un atraco a mano armada, un infarto -como le sucedió a mi padre-, acaso envenenada o lanzada por una ventana. La cosa fue que morí en Barcelona. Trataré de entender este asunto porque me compete casi directamente, digo casi porque al no saber a ciencia cierta lo ocurrido y ver que este hecho tampoco ha alterado de manera llamativa mi existencia, considero que lo he de tratar con el mismo cuidado con el que trato una invasión de hormigas en verano: busco el origen, sigo la fila, y las mato a todas, una a una (eso dependerá de la paciencia que tenga ese día, claro está). La cosa es que, si fue en Barcelona, lejos de mi país natal, eso cierra un poco el círculo y ahora explicaré porqué. En Barcelona no hay muchas opciones para morir, es decir, no te pueden matar en un atraco, no te pueden atropellar y tampoco es probable que te dejen morir de un infarto, tampoco te ...