De él se decía que no era demasiado inteligente, un pasmado, eso decían. A él le resultaba exactamente igual lo que se dijera en el pueblo porque, al fin y al cabo, no era relevante para su existencia. Es verdad que no era demasiado vivo, su madrina le decía: Ay, mijo, no seas tan achanta'o, tienes que echarle pichón y no echarte las bolas al hombro, en la vida no todo es mango bajito, mira si te pones las pilas hay muchas cosas que están a pata'e mingo. ¡No seas cabeza e'tapara! Pero, él no hacía caso y vivía de pescar un pescado al día y como no tenía cómo conservarlo, se lo tenía que comer con una arepa, o con un trozo de yuca, o con un tostón, o con un jojoto, con suerte un aguacate, dependiendo de la época y de la suerte, pero como no era un tipo con suerte, jamás había probado un aguacate. Un día arrancó una lechosa verde, creyendo que era uno, y no le gustó. Por aquellas costas plagadas de mosquitos y jejenes en la tarde, de calor insoportable al mediodía, no le qu...
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