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Mostrando entradas de diciembre, 2024

Devuelta de la tristeza

Riéndome como una cualquiera, de cualquiera. Como quien llora la muerte de un amigo en Diciembre. Reírse en medio del tren y que los demás volteen. Riéndome del último chiste de mi mamá y en su entierro. Reírme de las caras patéticas de la gente seria. Riéndome de la risa forzada de las comedias americanas. Reírse de la cara que pones cada mañana cuando me río de tu cara. Reírme de los chistes de Pedro que en vez de contarlos los ‘descuenta’. Riéndose todos del cuento del boquineto y la taza de café. Riéndome de los excesos de la razón y la exigencia. Reírme en Canaima como en Badalona. Reírse del mendigo que no inspira lástima. Reírme con el que me saca el duro con simpatía. Riéndome de una estúpida receta de cocina, de un cocinero afectado que combina los huevos, la mayonesa y la bechamel. Reírse de las teorías cósmicas recitadas por el conejo de Alicia —reírme del doble sentido si Alicia me conociera. Riéndome del chiste veloz. Reírse de las ocurrencias ociosas: del autobús mutante,...

A mi manera

Yo no quiero nada a medias, yo lo quiero entero,   soy a mí manera .  Escucho a Maelo en Radio Tropical, hace mucho calor por lo que oír salsa a todo volumen no refresca, pero te pone a tono con el desastre de afuera. Sigo la canción. Tengo que ir al Centro a buscar un encargo. Me da cierta vergüenza. Imagino que la desesperación es así, no me responden del trabajo que me prometieron en el ministerio y no conozco otra forma de agilizar las cosas. ¡Es mi última carta, el mes que viene ya no habrá ahorros ni nada! En ese momento se le aparece su mamá en la memoria, es lo único que queda de ella. Recuerda esa constante lucha por la supervivencia y cómo aquel lugar le daba esperanzas. De pequeño, acompañante y calladito según las normas, veía delante de sí los colores, respiraba los olores, y sentía los empujones de la gente que hacía unas combinaciones increíbles. Las mujeres que despachaban no eran excesivamente simpáticas, aunque si precisas conocedoras de su oficio. ...

El Depresivo

La calle de abajo es recta y se llama Angustia, a mano izquierda, subiendo por Lágrimas, quedaba  El Depresivo , un bareto de mala muerte donde había pasado muchos momentos de mi vida. Me gustaba su carácter austero casi espartano, pero sin encanto. En los días de lluvia aquello se ponía a tope: todos fumando y pidiendo cervezas con tapas, compartiendo nuestros desganos y frustraciones. Las paredes estaban cubiertas de litografías baratas que luchaban por obviar los antiguos letreros que prohibían el cante y el baile en esa sala, escupir en el suelo,  o no aceptar propinas. A esas litografías descoloridas las cubría un barniz nicotínico que destacaba lo lúgubre mientras le daba aquel aire marrón que ni El Bosco habría podido lograr en su  Jardín De Las Delicias . Entre todas, la única que me desagradaba era aquel estúpido Baco de Caravaggio con esa cara de geisha trasnochada -¡y mira que me encanta Caravaggio!-  por eso procuraba sentarme donde no lo viera. La supe...

Ni pío

Nació pollo. Era normal pues su mamá era gallina y su padre gallo. Le concibieron mediante el tradicional método del polvo de gallo y, aunque esto pueda arrancar alguna sonrisita de complicidad por parte de algún lector, no hay ninguna intención por mi parte de sacarle partido a aquello que la naturaleza ha dispuesto sabiamente. Si lo examinamos con detalle es que no hay otra manera de perpetuar la especie pollo . Siempre se ha dicho que la mejor forma de comprender lo que nos es ajeno es mediante el esfuerzo. Hay quienes creen que hacer un estudio científico de la pollitud les ayudará, pero no es así, el esfuerzo que se nos pide es ponernos en el lugar del otro, hacer el esfuerzo de dejar de ser yo para convertirme en tú . ¡Al grano! -¿lo ven? ya pienso como una gallina. Si yo fuera gallina y mi misión en este mundo fuese concebir pollos, ¿cómo si no se puede hacer? Imaginemos sólo por un momento que no existe el polvo de gallo  - ya estamos con las sonrisitas otra vez. La ga...