La rutina era la misma. Levantarse en la mañana, ni antes ni después de lo previsto. Si antes, eso significaría que había dormido menos. Si después, eso traería como consecuencia el estrés, la carrera para coger el tren que jamás fallaba en su hora. Me encantaría despertarme antes con la sensación de que podré disfrutar de esas primeras horas del día. Siempre me imagino llegar al corazón de Manhattan sin prisas, enfundado en mi traje de oficina, con mis zapatos deportivos y en mi mochila: la comida y los zapatos elegantes. El problema es que jamás logro estar en la estación antes de la hora. A veces pienso en lo maravilloso que sería hacer las cosas a deshora, como llegar a las siete de la mañana, bajarme en Blecker y buscar por el Village un buen sitio donde comerme un desayuno americano con sus huevos y su tocineta, contraviniendo con ello todas las futilidades de la dieta saludable, por una vez no pasaría nada. Después me iría caminando a la oficina que está en Union Square, ser...
Un espacio en el que encontrarás mis cuentos, relatos y capítulos de novelas (entre otros). Entregas semanales, cada jueves por la mañana. ©2025