Francisca siempre fue muy espabilada. De pequeña, y eso lo recuerda su mamá Anna Marcillo, era experta en engañar a todos. Un día, a los cuatro años llegó a casa con una buena cantidad de dinero en los bolsillos, llevaba la cara sucia, estaba despeinada y se había roto una manga de la bata escolar. Asombrada le preguntó qué había pasado y de dónde había salido ese dinero, Cesca le explicó que estaban jugando en el parque y que se disfrazó de mendiga y se puso en la puerta de la iglesia. Anna no lo podía creer, la riñó, la castigó, pero no podía devolver el dinero, cosa que, al fin y al cabo, siempre contaría como una victoria en la inocente cabecita de Francisca. Ya adolescente, como le gustaba escribir y se le daba muy bien, corrió la voz en el instituto de que, por un pago convenientemente pactado, era capaz de escribir notas de disculpa, permisos e incluso amonestaciones a los profesores firmadas por padres ficticios. Sus compañeros, todos, de todo el instituto eran sus clientes: qu...
Un espacio en el que encontrarás mis cuentos, relatos y capítulos de novelas (entre otros). Entregas semanales, cada jueves por la mañana. ©2025