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Mostrando entradas de junio, 2025

Señora

Se vio al espejo y se dio cuenta de que su imagen estaba un poco borrosa, pensó que serían los cristales de sus gafas que estaban sucios, se las quitó, las lavó como cada día, las secó con cuidado y volvió a ver su imagen en el espejo: seguía borrosa. Se fue a la cocina, cogió el limpiacristales y un trapo limpio que guardaba sólo para eso. No tenía mucho tiempo para ponerse a limpiar, pero, es que no verse ni siquiera para saber cómo estaba antes de irse a trabajar era una cosa bastante penosa. Frotó y frotó, lo vio al trasluz y estaba perfectamente limpio. Volvió a la cocina, lo dejó todo en su lugar. Volvió a la posición de salida: ¡caray, seguía un poco borrosa, qué raro! Ya no había tiempo de investigar el porqué, a lo mejor eran sus gafas, aunque ya las había lavado. Bueno, toca ir a trabajar y, como cada día, siguió su nueva rutina. Hacía años que estaba casada. Camino al trabajo pensaba en su nueva situación. Estaba acostumbrada a que él fuera el proveedor, pero ahora, estaba ...

El Maestro

  Aquellos bosques verdes y hermosos en verano o primavera, anaranjados en otoño, grises en invierno, eran mi casa. No viví como un niño normal porque no lo fui, siempre iba de la mano de aquel viejo que me enseñaba cosas raras y si no de mi padre Héctor que siempre estaba detrás de Kay y de mí. Con él aprendí el oficio digno de los que no querían terminar como mendicantes extravagantes, como mi tutor, o granjeros miserables o monjes. Para ser granjero se necesitaban tierras y éstas solían ser de un señor que casualmente siempre encontraba la manera de arrancar el mínimo trozo que se hubiera cultivado para la propia subsistencia para, enseguida, pasar a cobrar por su uso, sin papeles de propiedad ni nada: el propietario era el que tenía la fuerza y los medios para amenazar y hacer cumplir su voluntad. Ser monje tampoco era una opción, y menos para mí, creo que me faltaba piedad. No se iba a un convento sin aportar una dote y estos tampoco eran demasiados populares por estas tierras...

Rara Avis

Ayer, un día como tantos otros, una cincuentena de años más un día para ser exactos, r ecibí una foto por el guasap , era de la época del liceo, a lo mejor tendría unos quince o dieciséis años. Es una foto de los setenta, de esas que el tiempo no perdonó porque se ven característicamente desteñidas y todos los colores tiran a amarillo rojizo anaranjado. Son unos adolescentes a los que me cuesta reconocer, excepto a dos: uno de ellos es mi amigo, que me la envía y del cual sólo veo la mitad de su cara detrás de todos, saltando como el que quiere salir en la foto, mientras el otro, que está en primer plano es un chico con el que estuve ilusionada unas semanas.  Están todos sonrientes: la muchachada haciendo muchachadas. La vuelvo ver con detenimiento y no logro recordar el nombre del resto, ni sus caras, quizá vagamente se despierta algo en mi interior cuando, al preguntar por sus identidades mi amigo me corrobora sus nombres: Pina, Soraya y Elizabeth, pero del resto él tampoco se ac...

Amor Patrio

Me levanto como cada mañana. Me voy a trabajar, camino bajo aquella llovizna intensa que aborrezco porque no me acostumbro a ella. Cada día recuerdo a mi querida Dumenza, en Italia. París es frío, ventoso y cuando hace calor es terriblemente cálido y húmedo, proporcionando esa sensación de estar pegajoso todo el día. Suerte que por mi trabajo estoy a buen cubierto y sólo disfruto del clima asqueroso cuando salgo de allí y camino hasta mi pequeña habitación en la que recuerdo a mi familia a quienes envío casi todo lo que gano. Ser inmigrante es muy pesado, mi acento siempre me delata y estos creídos me lo hacen notar. La categoría de mi empleo no da cuenta de que lo que me trajo aquí es el arte. Todos me tratan como un aficionado a la pintura y a las artes decorativas, pero yo no me siento así. Estoy convencido de que tendré mi oportunidad, al mismo tiempo  que atiendo mis necesidades materiales. Ese empleo como carpintero está bien. La sensibilidad artística está aquí, sueño con ir...