Morí una vez y fue en Barcelona. Sí, me morí y ni siquiera lo supe. Tampoco sé la causa. Ignoro si fue un accidente, un atraco a mano armada, un infarto -como le sucedió a mi padre-, acaso envenenada o lanzada por una ventana. La cosa fue que morí en Barcelona. Trataré de entender este asunto porque me compete casi directamente, digo casi porque al no saber a ciencia cierta lo ocurrido y ver que este hecho tampoco ha alterado de manera llamativa mi existencia, considero que lo he de tratar con el mismo cuidado con el que trato una invasión de hormigas en verano: busco el origen, sigo la fila, y las mato a todas, una a una (eso dependerá de la paciencia que tenga ese día, claro está). La cosa es que, si fue en Barcelona, lejos de mi país natal, eso cierra un poco el círculo y ahora explicaré porqué. En Barcelona no hay muchas opciones para morir, es decir, no te pueden matar en un atraco, no te pueden atropellar y tampoco es probable que te dejen morir de un infarto, tampoco te ...
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