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Mostrando entradas de enero, 2026

La Caligrafía

No fui a la escuela pública porque mi mamá tenía ciertas creencias ligadas al temor de no poderme cuidar como era debido. Como mi papá había muerto y yo sólo contaba con cuatro años, ella seguramente se abrumó por toda la responsabilidad que ello conllevaba. Sucedió que la vida seguía su curso inexorable, con altos y bajos y mucha adaptación por parte de todos los implicados, incluyéndome. Aprendí a leer bastante pronto porque yo me quedaba en casa con ella y mientras cocinaba y hacía sus quehaceres, yo me sentaba en el suelo y utilizaba una silla regia de madera para garabatear mis primeras letras y aprender mis primeras palabras. Entendí, entonces, que la etapa de dibujar mamarrachos estaba pasando. Ahora recuerdo que jamás ni nunca dibujé a una familia completa porque no la conocí. En verdad no sé si alguna vez dibujé a una familia. Esto último creo que se debió a esa cualidad tan bien valorada en aquellas tierras llamada delicadeza. Imagino que a los niños de un país tan joven, en ...

El secreto de la felicidad

Era un tipo flacucho con aquel cabello negro, abundante y liso que, estuviera bien o mal cortado, siempre parecía desarreglado porque estaba destinado a caer en esas capas que señalan por donde pasó la tijera del barbero. Su rostro parecía sacado de un cuadro de El Greco, con aquella nariz alargada y los pómulos hundidos para marcar el arco de sus ojos rodeados de negras pestañas abundantes y esas enormes cejas negras. Pese a que era un tipo risueño, no provocaba demasiada confianza entre sus congéneres. Cada día iba a su trabajo de dependiente en una tienda de tornillos y tuercas, específicamente, no había otra cosa ahí, más que hembras y machos, eso sí, tenía una memoria prodigiosa y eso lo hacía especialmente apto para un trabajo que parecía aburrido, pero absolutamente necesario para los muchos usuarios que acudían a diario con muestras de tornillos ahora rotos, huérfanos de tuercas o arandelas, machos sin hembras o hembras sin machos.  La inmensa variedad de pequeñas piezas fa...

Fobias

Con su chaqueta de Tweed marrón y su paraguas siempre a punto le podías ver esquivar de manera sistemática el centro, él conocía sus razones y trataba de mantenerse sereno porque su trabajo siempre lo requiere, cruzaba el puente de Vauxhall y llegaba ahí a Thames House porque trabajaba en el MI5, el Servicio de Seguridad, tan popularizado por el agente 007, Bond, James Bond. A veces, quienes le conocían bien (y le soportaban), le hacían la broma, pero él, que sufría de gelofobia, miedo a ser objeto de burla, cortaba en seco el comentario. Quizá esta era razón por la que no tenía muchos amigos, la gente no entendía que no pudiera disfrutar con un buen chiste malo. Cada día, al llegar a casa oreaba su traje completo, la chaqueta de tweed era repasada varias veces con aquella maravillosa plancha de vapor vertical que quitaba todos los olores que había atraído durante el día: el restaurante en el que comió, la panadería en la que compró el pan, la tienda de perfumes que visitó hoy para com...

Quiero ser dictador

Cuando era chiquito en aquella ciudad meridional en la que la sombra de los mangos nos obsequiaba pródigamente con su olor, yo me quedaba viendo a los que jugaban metras mientras pensaba en otras cosas mucho más interesantes, como,  cuando el domingo mi mamá me llevó a conocer la casa de nuestro libertador, y yo recorrí sus habitaciones para entender cómo dormía un libertador, acaso un emperador, un hombre cuya palabra fuese seguida por todos al dedillo. Con apenas ocho añitos, sorprendí a mi mamá leyendo uno de sus gruesos libros amontonados sobre otros menos gruesos, al tiempo que garrapateaba algunas palabras en una cartulina pequeña, rectangular y blanca y la dejaba entre las páginas. Mi mamá era historiadora, eso me lo dijo ayer al preguntarle qué hacía con esos libros tan grandes -antes de ayer no lo sabía, sólo sabía que no cocina, que eso lo hacía la muchacha, a diferencia de la madre de José que si lo hacía porque era ama de casa. Entonces, ahora tampoco sabía lo que era...