Tuve que esperar mucho, pero yo sabía que estarías ahí, que no te moverías, con tu vestido negro y tu pelo recogido, mirando con esa mirada de burla, ironía o resignación. Nunca me has contado tu vida, aunque llevamos muchos años de amistad. Sé que estás casada, hablas muy poco de tu marido, te gusta compartir cómo te sientes y lo que piensas, tienes la virtud de la compostura, eso nos hace amigas porque eres totalmente lo contrario a mí. Para encontrarte tuve que sortear una cantidad de gente increíble. Subir y bajar escaleras, porque ahí donde vives no es lo que yo llamaría un buen barrio. Sólo al entrar me encontré con una criatura alada que estaba lista para despegar el vuelo; ¡vaya susto! Me pasó por encima de la cabeza con esa túnica larga y las alas desplegadas, jamás había visto una cosa así. No quise preguntar por tí, y me arrepiento porque me tocó pasar por un entresijo de pasadizos, concurridos por extraños en los que no me confío ni un pelo. Gente desagradable obligada a ca...
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