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Entradas

Mostrando entradas de mayo, 2025

La visita

Tuve que esperar mucho, pero yo sabía que estarías ahí, que no te moverías, con tu vestido negro y tu pelo recogido, mirando con esa mirada de burla, ironía o resignación. Nunca me has contado tu vida, aunque llevamos muchos años de amistad. Sé que estás casada, hablas muy poco de tu marido, te gusta compartir cómo te sientes y lo que piensas, tienes la virtud de la compostura, eso nos hace amigas porque eres totalmente lo contrario a mí. Para encontrarte tuve que sortear una cantidad de gente increíble. Subir y bajar escaleras, porque ahí donde vives no es lo que yo llamaría un buen barrio. Sólo al entrar me encontré con una criatura alada que estaba lista para despegar el vuelo; ¡vaya susto! Me pasó por encima de la cabeza con esa túnica larga y las alas desplegadas, jamás había visto una cosa así. No quise preguntar por tí, y me arrepiento porque me tocó pasar por un entresijo de pasadizos, concurridos por extraños en los que no me confío ni un pelo. Gente desagradable obligada a ca...

Luis. (Bienvenidos al Paraíso)

En El Paraíso todo era posible y sus habitantes lo sabían, quizá por ello guardaban secretos que el resto de la ciudad ignoraba. Había que vivir allí para adentrarse por sus calles arboladas en las que estaban las casas ajardinadas con una vegetación variopinta fundida entre matas de caucho, sauces o arbustos coloridos seducidos por lirios blancos, matas de novio o cafetales de jardín; no obstante, todo aquello parecía mínimo delante de la amplitud de las calles. A la vista eran como pequeños ramilletes en la solapa de un gran traje de hormigón y asfalto, ladrillos y colores atrevidos de fachadas sesenteras. Había una avenida amplia pero desangelada, no tan divertida como la Páez, con sus hermosos apamates rosas, blancos y lilas. Por eso sólo los lugareños se adentraban por ella, pues sabían que al ser una diagonal era el camino directo hacia Las Fuentes, La iglesia de La Coromoto o Crema Paraíso. El inconveniente era que en esa vía nunca te sorprendería ninguna cara conocida. En mi ca...

Salvado

En aquella isla desierta no había sino el rugido de las olas del mar y todos mis recuerdos de historias sobre islas desiertas. Suponía que me tocaría a mí escribir mi propia rutina del ‘aislado’. Bueno, no soy un aislado porque si así fuera no tendría isla alguna, lo cual me dejaría a la deriva en un océano terriblemente azul y líquido.  Trataré de poner en claro mis ideas cuando este porrazo en la frente deje de sangrar, Recuerdo que mi madre decía que la sal cura, y aunque fuera mentira, lo que mi lógica terriblemente terrestre me decía era que no intentara curarla con tierra, que eso no funcionaba. Me lavo, me cago en todo lo que se mueve, porque pica, escuece, molesta y preocupa, en ese orden. Creo que lo mejor es que lo deje al aire y no intente, como en las películas, hacer de mis ropas una venda improvisada. Pues, como era de prever, mis ropas no sirven para eso. Porque llevo unos jeans y no son fáciles de romper, al igual que mi camiseta de algodón con elastina y mi forro p...

Presente decadente

  ¿Y cómo podía yo vivir de otra manera si siempre había vivido así? ¡Ya me podían comparar y  ponerme ejemplos de lealtad y obediencia, a mí eso me da totalmente igual, yo seguiré siendo como hasta ahora! Toda mi familia es así, nos gusta la noche con locura, de hecho, nuestras actividades siempre se hacen con nocturnidad y alevosía, le guste a quien le guste. Nos encanta sorprender in fraganti   al que se nos ponga por delante. Explicaré con detalle cómo vivimos esas noches largas y normales para nosotros. A eso de las nueve de la noche, salimos. En la calle vamos de un lado a otro buscando al resto, es una reunión casi ritual, los hay de todas las edades, si bien preferimos mantener a los más pequeños un poco alejados del jolgorio, a veces se nos unen. Vamos paseando, conociéndonos, algunos dicen que es una manera de marcar el territorio, quizá esa sea la razón por la que lo hacemos.  Cuando la noche ya es totalmente oscura y silenciosa, nos ponemos a cantar,...

La madre de Marta

"Tenía la cara cubierta de pétalos rojos. Fue impresionante. Su rostro era pálido como la muerte misma. Me asusté muchísimo. Fue repentino, por eso, llamé a su madre. Tenían una relación difícil. Su madre era vidente, leía el Tarot. Marta sentía, por lo que me dijo, mucha aprensión hacia esas cosas. Su madre tenía por costumbre advertirle ante cualquier evento, por supuesto no siempre acertaba. Era raro, por una parte, dependía muchísimo de ella, pero por otra deseaba volar, y aquel día lo había hecho... yo no sé bien lo que pasó, pero recuerdo la discusión que tuvieron. Vino su madre a buscarla para comer juntas como todos los miércoles y Marta no quiso ir. No pude oír bien, pero le echaba en cara que si tan vidente era por qué su vida había sido una cadena de errores, que ya estaba cansada de todo eso y que la dejara vivir con normalidad. Me extrañó mucho porque hasta ese día parecían llevarse muy bien".  "Yo me acuerdo cuando llegaron al piso aquí en Poble Nou. Corría...