La noche era tranquila. Yo estaba durmiendo plácidamente sin ningún sueño en concreto, imagino que sólo alcanzaba a elaborar algunas ensoñaciones desperdigadas aquí y allá, que son las que en verdad hacen que la vida del pensamiento tenga sentido. Creo que los pensamientos son hechos de trocitos de estas partículas y que, lo que otros llaman inconsciente, no es más que la recomposición que nuestro cerebro hace de ellas tratando de darles un sentido muy burdo porque evade la construcción racional propiamente dicha. En conclusión, el inconsciente es el obrero torpe que, además, sólo tiene materiales malos para hacer un edificio vanguardista: el resultado es un desastre, por eso incoherente. Debo mi afirmación a ciertas teorías que creen que la función cerebral no para nunca, por lo que hace un esfuerzo para el descanso, la biología así lo requiere, y entonces, como el cuerpo desconecta a la mente de la realidad física de la percepción, ésta se inventa percepciones, sensaciones, tramas y ...
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