Esta es la historia de un muchacho de otro país que vivía aquí y de una muchacha de otro país que vivía allí. Un día él se fue a allí a visitar a su amigo que también era de otro país. Mientras paseaba por allí, su amigo de otro país se encontró en el metro con otro amigo de otro país y con él estaba esa muchacha también de otro país. Se saludaron, se vieron como eran sus costumbres de otro país y se alejaron.
Esa noche una muchacha de otro país llama al muchacho que había ido allí y lo invita a una fiesta donde se reunía mucha gente de otro país. Él acepta y cuando llega se encuentra con la chica que acompañaba en el metro a su amigo de otro país y que resulta que vivía allí compartiendo piso con su amiga de otro país.
Las miradas se cruzaron como era la costumbre de otro país, bailaron música de otro país y se besaron apasionadamente como lo hace la gente de otro país.
Al día siguiente el cogió el autobús que lo traería hasta aquí, pero venía pensando en la chica de dulces besos de otro país que vivía allí.
Durante un año la distancia los ha mantenido juntos, pensando cómo hacer para que el allí y el aquí se conviertan en un solo lugar; bastante han tenido con estar allí y aquí separados, siendo de otro país.
Ayer los vi por aquí. No parecían gente de otro país. Ella lo miraba con dulzura, él acariciaba sus manos con pasión. Habían tendido un puente que los conectaba a través de toda la Costa Brava con el allí, el aquí y con aquel otro país.
![]() |

Que bonito! Que ingenioso! Un placer de lectura
ResponderEliminarGracias, me encanta poder compartir esas miradas noveladas.
Eliminar