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Maternal #3

Es duro ser madre, pero en mi caso más. Todas se quejan: que, si los niños desordenan, que no hacen las camas, que lo dejan todo tirado, que no obedecen. Pero, mis hijos sí que son particulares y sé -como nadie- que al afirmarlo no estoy diciendo nada distinto que no diga cualquier otra madre: me cuesta llevar esta casa adelante, además tengo muy poca ayuda por parte de mi marido. ¡Es una larga historia!
Cuando lo conocí, miles de estrellas cayeron sobre mí. Su abrazo envolvente fue el principio de una pasión arrolladora, obsesiva por su parte, y no puedo ocultar que para mí fue el Cenit. Lo veía venir, arrastrándose con cautela entre mis montañas y valles, penetrar las cuencas de mis ríos y -confesarme cada vez que su luminosa mirada me definía- que yo era la única y nada más.

De nuestros abrazos apasionados en los que cielo y tierra se confundieron, nacieron los niños. Desgraciadamente después que me hice madre él cambió conmigo. Quizá descubrió una mayor dicha en su machismo absurdo de padre procreador, que en la ternura de nuestros primeros abrazos. Fue así como dejé de ser amante esposa para convertirme en madre agobiada y frustrada. Él me obligó a escoger y preferí ser madre, bien podía aceptar una esclavitud por los niños, pero no otra signada por su afán reproductor, fue así que decidí librarme de él.

Con la ayuda de uno de mis hijos mayores planeamos su fin. Muy temprano, apenas al amanecer cuando llegó a mí como todos los días, Cronos le esperaba, cogió su guadaña y cortó los testículos de su padre. Entre gritos y sangre, su semen me alcanzó y ahora mi casa es un desastre, más caótica y desenfrenada que antes: cíclopes, erinias y gigantes vagan por las habitaciones, son tan tontos que no atienden a ninguna ley. Mi hija, la más hermosa de todas, no para nunca en casa y sólo está pendiente de su belleza y el espejo. Mi hijo, valiente a más no poder, sólo piensa en meterse en líos y peleas. Esto no es justo, para una madre como yo.
                                                                                               (Mito de Gea y Urano. Grecia s.5 aC)
 
©raydaguzman2024
 
*Este relato forma parte del libro “Maternales”





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