Riéndome como una cualquiera, de
cualquiera. Como quien llora la muerte de un amigo en Diciembre. Reírse en
medio del tren y que los demás volteen. Riéndome del último chiste de mi mamá y
en su entierro. Reírme de las caras patéticas de la gente seria. Riéndome de la
risa forzada de las comedias americanas. Reírse de la cara que pones cada mañana
cuando me río de tu cara. Reírme de los chistes de Pedro que en vez de
contarlos los ‘descuenta’. Riéndose todos del cuento del boquineto y la taza de
café. Riéndome de los excesos de la razón y la exigencia. Reírme en Canaima
como en Badalona. Reírse del mendigo que no inspira lástima. Reírme con el que
me saca el duro con simpatía. Riéndome de una estúpida receta de cocina, de un
cocinero afectado que combina los huevos, la mayonesa y la bechamel. Reírse de
las teorías cósmicas recitadas por el conejo de Alicia —reírme del doble
sentido si Alicia me conociera. Riéndome del chiste veloz. Reírse de las
ocurrencias ociosas: del autobús mutante, del spray de Valium, del density y
del detector de peos que funciona como un sistema antifuegos y que pinta de azul
al ente emisor. Reírme de mi última ocurrencia y del juego con palabras y del
pastel salado del restaurante. Reírse de la pesadez ajena y evitarla con la
risa. Defender a risa y espada mi derecho a reírme. Riéndome de mis tragedias
en una tarde en que ya no soportaba el culebrón ni el lamarquismo*. Reírme de
mi primer amor, con mi primer amor. Reírme del filósofo estrangulado con su
corbata en un baño de Mérida. Reírse de las risas olvidadas de algún amante sin
humor. Riéndonos del cocinero guarro, el macarra, al árabe perdido y del
barbero de Mondoñedo: ¡riéndome con mi comediante comedido! Riendo risas de
nervios, de dolor, de tristeza, de alegrías, de sorpresas. Reírse con Deleuze y
Sabina, con Carrol, Borges y Eduardo Mendoza; con Warren Beaty y Dustin
Hoffmann, y mi gata que me ha vaciado todos los cajones. Reírse por necesidad
como quien respira la vida, buscando la risa donde haga falta: robarla de unos
labios fruncidos, devolvérsela a un rostro de ochenta años, copiarla de un
niño, imitarla de un chimpancé. Reírse de todo y con todos, de las risas ajenas
y de las propias, de Sísifo con su piedra y de los vampiros sin Raybans.
Riéndome bajo el árbol de la risa cuyos frutos al caer estallan en carcajadas.
* Lamarquismo, viene de una actriz argentina, Libertad Lamarque cuyas películas siempre narraban unas terribles tragedias personales.

genial tú creatividad 👏👏 👏 Excelente ......y aún más, después de tanto...terminé riéndome cuando mencionas el drama de las películas de Libertad Lamarque 😂
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