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La madre de Marta

"Tenía la cara cubierta de pétalos rojos. Fue impresionante. Su rostro era pálido como la muerte misma. Me asusté muchísimo. Fue repentino, por eso, llamé a su madre. Tenían una relación difícil. Su madre era vidente, leía el Tarot. Marta sentía, por lo que me dijo, mucha aprensión hacia esas cosas. Su madre tenía por costumbre advertirle ante cualquier evento, por supuesto no siempre acertaba. Era raro, por una parte, dependía muchísimo de ella, pero por otra deseaba volar, y aquel día lo había hecho... yo no sé bien lo que pasó, pero recuerdo la discusión que tuvieron. Vino su madre a buscarla para comer juntas como todos los miércoles y Marta no quiso ir. No pude oír bien, pero le echaba en cara que si tan vidente era por qué su vida había sido una cadena de errores, que ya estaba cansada de todo eso y que la dejara vivir con normalidad. Me extrañó mucho porque hasta ese día parecían llevarse muy bien". 


"Yo me acuerdo cuando llegaron al piso aquí en Poble Nou. Corrían los setenta, todavía estaba Franco. Marta tendría unos dos o tres añitos. Era rubita y pequeña, una niña hermosísima y dulce. Su madre, en cambio, era muy diferente. Aquí todas éramos marujas  precoces o pre destape, pero ella no. Venía de California con su música. Todo el día escuchaba música, era increíble, hasta la oíamos cantar: The Mamas & The Papas, Cliff Richard, Santana, Janis Joplin, por ponerte un ejemplo. Sé que te suena a chino mandarín, a mí también me sonaban. Nosotros apenas estábamos con Massiel, Los Bravos y Miguel Ríos. Ella era una persona muy tímida, tal vez demasiado, pero poco a poco me fui haciendo su amiga. En su casa nunca faltaba la maría ni los inciensos ni los amigos. A pesar de que eran buena gente el barrio los tachaba de su vida cotidiana como podía, en la plaza no eran bienvenidos, ni en la comunidad. Los trataban como unos parias. Carlos, el marido, era pintor, poeta, músico. Cuando me hice amiga de ellos conocí a Ginsberg el padre del movimiento Beat, pero también nos acercamos como pudimos al existencialismo poético de Hesse y de Camus, corrían buenos tiempos".


"Yo es que no sé cómo murió. Un día llamó ella a la puerta, salió tu madre y vio su cara despavorida. Cuando entró al piso estaba muerto. No parecía nada violento. Dijeron que había sido un ataque al corazón. A lo mejor fue por algún exceso, a saber. Ya Marta era una señorita y nos tocó ayudarlas con lo del entierro. Durante una semana no se escuchó la música, pero Marta rompió el silencio con aquella canción de Mary Hopkins, Those were the days. Escuchamos como su madre la reñía, pero como continuaba sonando la música intuimos que, al final, ella la habría convencido."


"A mí me da igual como si lee el Tarot como si escribe a máquina, esa mujer nunca me gustó ni el modo como crió a la pobre niña. No me extraña nada de lo que me cuentas. Eran raros. Cuando murió el padre, a los ocho días estaban de bailoteo oyendo música ¡y de luto ni hablar!"


"Yo la conozco bien, íbamos juntas al insti. La relación con su madre es un poco extraña. Se llevan muy poca edad, unos dieciocho tal vez. Es de entender que a Marta le diera vergüenza que su madre se ganara la vida como tarotista, además sospechaba que con eso su madre la manipulaba. Si me preguntas a mí, yo he ido a su consulta y la encuentro una buena persona, un poco inocente si me apuras y es bastante sensible. Creo que nunca se ha sentido a gusto en este barrio ni con la vida que le tocó vivir, pero se conforma y tiene ganas de salir adelante. Marta es un poco más corrosiva y está todo el tiempo burlándose de su madre. Y lo que pasó ese día tiene  que ver con lo que te digo. Soy su amiga y la quiero mucho, pero no vale jugar con lo que desconoces y a la vez amas. Aquel día su madre le advirtió, incluso me llamó y me lo contó. Yo le decía lo que verdaderamente pensaba, que no creía que su madre le estuviera diciendo aquello para manipularla ni mucho menos. Ahora he sabido que habló contigo. Si quieres pregúntale a tu madre o a la señora Emilia. Lo que te digo es lo que es. Marta no lo creyó. Estaba furiosa porque le parecía que era la mayor estupidez que había escuchado en su vida y fue cuando ese miércoles su mamá la fue a buscar".


"Yo lo escuché todo, todo. Me quedé escondida justo detrás de los helechos. No fue por curiosidad, aunque la satisfice, sino más que nada, porque cuando comenzó la discusión yo ya no podía salir y pasar por el medio, así a las bravas. Marta le cuestionó su vida de hippie de la pe a la pa. Que si los amantes que tuvo, que si eso del amor libre ella lo calificaba de prostitución. Que siempre le había tenido miedo a la vida y que por eso nunca quiso hacer nada en serio: ni pintar ni cantar ni tocar una puta guitarra  y que ahora le venía con aquello. Que lo único que sabía era escuchar música y ganarse la vida con eso del Tarot. Aquí la cosa se puso fea, porque la madre cogió a la hija por el brazo y le dijo que todo lo que había dicho no sólo era su propia mierda resentida, sino que además tergiversaba lo único bueno que les había pasado a las dos. Que ella sabía que los arcanos no mentían y que no era su culpa haberle trasmitido ese mensaje, aunque para ella también fuera desconcertante porque era su hija, pero no podía hacer nada más que advertirle".


"Tal vez cometimos un error al llamarla antes que a los de la ambulancia, yo no sé por qué lo hiciste. Pues, de haber sido al revés, ella no se habría aprovechado de la situación como lo hizo. Claro, cuando llegó, valiéndose de nuestro pánico, lo único que hizo fue montar el show. Y es que esa mujer tiene una mirada que impresiona. Cuando la vi entrar con su falda de flores, sus sandalias, aquel suéter de algodón largo blanco, bufanda y aretes grandes de aquellos de la época de Paz y Amor; dije para mis adentros: ¿de qué manicomio la sacaron? Y en efecto, no le debimos permitir que se le acercara; pero es su madre."


"Yo sentí como si el mundo se me hubiera caído de repente, como una bala atravesándome el pecho, un dolor tan profundo y un miedo que jamás podré describir. De verdad, yo no sé lo que sentí. Todo estaba iluminado a mi alrededor. Quise creer que se trataba de la luz que se colaba por el invernadero, que justo en ese lugar es muy intensa. Me moví porque pensé que era efecto del contraluz, pero no. Y de pronto vi como unas manos se posaban sobre mi hija. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Sabía que estaba frente al propio Ángel de la Muerte. No era posible que lo estuviera viendo con tanta nitidez porque los ángeles no se ven. Y es entonces cuando me pregunté qué podía hacer para salvar a mi Marta. Me fijé en su pálido rostro cubierto por los pétalos carmesí de las rosas, vi sus blancas manos frágiles, su cabello rubio empapado entre agua, hojas y flores. No permitiría que él se la llevara. Esa idea me espantó tanto que me arrodillé delante de ella, saqué el paquete del Tarot de mi bolso y una carta al azar. Recordé que mi maestro me dijo una vez que eran tan poderosas que podían ahuyentar al propio Ángel de la Muerte, yo nunca lo creí hasta hoy."


"Mi madre dice que eso fue lo que pasó. Puede que tenga razón, yo no vi nada, pero sentí la presencia de una cosa encima de mí que trataba de despegarme del suelo y muchísima luz, una luz, enceguecedora como jamás había visto ninguna. Lo único que podía ver era a mi madre como lejana, borrosa. Hasta que algo me rozó la cara y la luz fuerte se apagó."


"Yo estuve allí y te lo digo, de verla casi muerta a verla respirar fue lo mismo. Te juro que estaba fatal cuando decidí correr a buscar a su madre que se había ido después de la discusión. Cuando aquella mujer entró en trance, a mí me dio mucho miedo. Cerré los ojos e inmediatamente escuché la voz de Marta. Yo ayudé a ponerla de pie y luego llegó la ambulancia. Cuando ellas se fueron estaban muy afectadas, como todos, entonces me quedé con la dueña recogiendo. Encontramos una carta del tarot en el suelo, seguramente se le cayó del bolso, parece que esa mujer siempre las lleva encima."


"Marta me contó que sintió como si una pluma muy suave le rozaba su mejilla. Así me lo describió y no creo que me haya mentido, después de haber estado tan cabreada con su madre. Dice que su madre la explicó que la carta que salió del paquete fue la Templanza que viene después de la Muerte y que la Muerte es un cambio de dimensión. Lo que su madre le había advertido era que pronto tendría una señal que le avisaría sobre sus nuevos dones, que había sido bendecida con el don de sanar, el don de la vida y que muy pronto lo sabría. Marta no quería ni oír hablar de eso, pero lo que es cierto es que cada vez que cuenta lo que pasó aquel día en la floristería, su voz cambia y su actitud también."




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