La noche era tranquila. Yo estaba durmiendo plácidamente sin ningún sueño en concreto, imagino que sólo alcanzaba a elaborar algunas ensoñaciones desperdigadas aquí y allá, que son las que en verdad hacen que la vida del pensamiento tenga sentido. Creo que los pensamientos son hechos de trocitos de estas partículas y que, lo que otros llaman inconsciente, no es más que la recomposición que nuestro cerebro hace de ellas tratando de darles un sentido muy burdo porque evade la construcción racional propiamente dicha. En conclusión, el inconsciente es el obrero torpe que, además, sólo tiene materiales malos para hacer un edificio vanguardista: el resultado es un desastre, por eso incoherente.
Debo mi afirmación a ciertas teorías que creen que la función cerebral no para nunca, por lo que hace un esfuerzo para el descanso, la biología así lo requiere, y entonces, como el cuerpo desconecta a la mente de la realidad física de la percepción, ésta se inventa percepciones, sensaciones, tramas y mezcla, de manera indiscriminada todo el material perceptual sobrante, por eso mi afirmación anterior.
Distraída por estos pensamientos, y por la obligación de tener que ponerlos en claro, me quedé dormida
Dicen que la peste nos acecha, que hay muy poco conocimiento sobre ella. Junto con mi Meister hemos observado que en los lugares donde proliferan las ratas, hay más peste. Soy de una poderosa familia de terratenientes y no nos podemos dar el lujo de perder lo que tenemos, por eso le mandé a llamar. En Francia lo han perdido casi todo y yo no puedo creer que la solución sea quemar las casas con la gente dentro, porque si es así ¿quién recogerá nuestras cosechas, quién criará a nuestros hijos, lavará nuestra ropa, dará nuestras misas, escribirá nuestros libros, o pintará nuestros cuadros? ¿quién contará nuestras historias?
Él me dice que no me preocupe, pero yo veo a mucha gente morir, más de los que desearía. El plan es aislarlos, cuidar a los más fuertes, dejar morir a los más débiles mientras encontramos el antídoto.
La cosa va lenta. Estamos muy cansados, eso no nos quita las fuerzas para seguir, y seguimos: salvar, dejar morir, enterrar, curar... observamos que, cada vez, más gente nos ayuda, eso quiere decir, que hay más gente dispuesta y sana. Esto pinta bien.
Las pócimas dan buenos resultados, la estrategia también, ahora la peste ya es cosa del pasado, ahora ya podemos ocuparnos de otra cosa, los sueños.
El Meister a veces es tildado de nigromante, yo no lo veo así, sé que se queda con nosotros porque le protegemos, el Papa nos protege, y estamos dispuestos a salvarle a costa de lo que sea, este hombre no es un hereje, no reniega de Dios, por el contrario, es muy devoto.
Leyendo a Aristóteles encontramos que el miedo al conocimiento no es de nueva data, que siempre ha sido preferible leer a Platón porque se podía vincular el topos urano a nuestro Dios, cosa que con Aristóteles no es tan fácil, suerte de la ética, que por ahí siempre se puede hablar del bien y del mal. Esa es la manera como él me lo explica, y hace que yo quiera entender esos textos y aprender esas lenguas difíciles y misteriosas. Mi tutor no está muy de acuerdo con este tipo de lecturas, pero el que yo sea una mujer culta sólo demuestra que puede hacer lo que le venga en gana, entre esas cosas conseguirme un marido noble que él pueda controlar. El prestigio y la inmensa riqueza de nuestra familia no pasarán a manos de otros a menos que nos convenga a todos.
Los sueños, eso es fascinante. Los antiguos entendían los sueños como una antesala a la muerte, nosotros aún los entendemos así , pero el Meister no, para él son otra cosa. Aunque, se ha de tener cuidado, no sea que el maligno se infiltre entre ellos y nos haga pecar. Soy una mujer de ciencias, pero antes de dormir me cuelgo un rosario venido de las cruzadas, heredado en mi familia, por si acaso.
Mis padres murieron cuando era una niña, así que he de obedecer a mi tutor. Últimamente hay muchas revueltas y persecuciones de todo tipo, por eso el Meister ha huido para buscar protección en otro lugar. Yo estoy confundida y atemorizada ante mi próximo destino: casarme y tener hijos para perpetrar algún linaje ajeno y el mío propio.
Ya en la corte francesa me siento extranjera. He pedido señas de mi Meister y nada, es como si hubiera desaparecido. Igual nunca existió.
Me despierto sobresaltada. ¿Por qué he de soñar con estas tonterías, si sé que los sueños son construcciones de poca calidad? Y aún así, vuelvo a dormirme para saber adónde conduce este desaguisado.
Leo un almanaque que está muy de moda, su autor es un boticario del sur. Tiene que venir, dicen que es el mejor y necesito quedarme embarazada. Lo espero con impaciencia. Lo veo envejecido, es mi Meister.
Despierto otra vez. Se han reencontrado en mi sueño, ¿Por qué? Imagino que ahora que ella es adulta y madura, quizá poderosa, ¿Querrá utilizar el conocimiento del Meister para salvar su propia vida? No sé porqué eso tiene que ser así, a lo mejor tenían otros problemas, pero ¿cuáles?
Pasaron muchas más noches y jamás pude volver a ese sueño, no pude saber qué sucedió después del reencuentro. Maldije la imprecisión de mi inconsciente dado, como era, a entregarme episodios inconclusos.
Ahora busco entre las historias que conozco para encontrar, si acaso existieran, personajes que pudieran adecuarse a este episodio, pero no encuentro nada. Voy leyendo, he comenzado a pensar en preguntarle a algún experto, pero ¿qué le pregunto?
No sé cuánto tiempo pasó desde aquel sueño, lo que si sé es que durante mucho tiempo fue recurrente. Me despertaban sus miradas, cada vez ella estaba más angustiada mientras él la miraba con indulgencia.
Con el paso del tiempo ese sueño, que me provocaba angustia, fue diluyéndose, hasta anoche.
Le tendí mi mano, él la aceptó con dignidad. Me dijo que solucionaría mis problemas, que sería una buena reina, pero en aquel momento no le comprendí.
Me despierto, esta vez estaba segura de que se trataba de otro tipo de historia distinta de la que se hace de trocitos inconexos de realidad. Respiré y me volví a dormir mañana voy a St. Remy de Provence. ¡Y justo en ese momento mi cuerpo se estremeció y comprendí lo que estaba pasando! Había sido testigo de un momento singular, como si hubiese estado ahí siempre, como si fueran mis propios recuerdos. Era la Reina Negra y el Nigromante a quienes siempre quise vencer.
Ese día en St. Remy, asistiría a una charla sobre la relación entre Nostradamus y la aristocracia europea, sin saber porqué, estaba un poco nerviosa. Al acabar, levanté la mano para preguntar específicamente sobre este personaje y los Médicis. Aquel hombre me miró con seriedad y me dijo, delante de todo el auditorio, que mejor la explicara yo, que la conocía al detalle. Me quedé asombrada porque en aquel instante comencé a contar esa historia como si yo misma hubiera estado ahí. Y recité de la nada esta profecía, como si la conociera de primera mano. Muy internamente sabía que por fin había llegado el día de confesar porqué los hijos de Catalina habían muerto, y porqué los Valois fueron sucedidos por los Borbones.
"El joven león al viejo ha de vencer, en campo del honor, con duelo singular.” (Michel de Nostradamus)
El cerebro nunca duerme
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