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1604

Alguien tiene que alzar su voz para hacer del conocimiento de todos este hecho imperdonable. Es de justicia saber qué pasó un año antes en aquel país bautizado por Colón como Tierra de Gracia, por eso explicaré ese maravilloso 1603, el año que precedió al hecho que consolidó la calamidad, y poco a poco os daréis cuenta de que al año siguiente sucedería algo que cambiaría por completo la vida de aquel extraordinario rincón del planeta. En Europa ya era muy tarde, pero aquí nadie tuvo la clara conciencia de evitar propagar el mal por nuestras tierras. 

En ese entonces, el procurador de Caracas era Simón de Bolívar, el Mozo. Este hombre había llegado a Caracas en 1589, enviado por el Reino de España. Si bien hizo mucho en el ejercicio de su cargo, como, por ejemplo, solicitar permiso para la construcción de un seminario que luego daría paso a la primera universidad en Venezuela, o conseguir un escudo de Armas para la ciudad, no obstante, este personaje logró suspender la orden de no hacer trabajar a los indígenas, mientras solicitaba el permiso para traer esclavos negros, es decir, estaba más ocupado en sus asuntos económicos que en evitar la catástrofe. Eso, en Caracas.

Aunque, pienso que hay otros responsables y ese podría ser el tal Francisco Mejía de Godoy quien fue Gobernador y capitán general de Venezuela, interino, entre los años 1603 y 1606, ese si tiene culpa y bastante. Yo ubicaría a éste entre los personajes más execrables de la historia, porque habiendo puesto disciplina en el ejército y reconsiderado la importancia del Castillo de La Guaira, hizo caso omiso de la amenaza silenciosa que nos acechaba y que se hizo realidad en 1604.

Mientras, en Europa todo seguía un cauce más o menos normal: Rubens se trasladó a España para pintar un cuadro, mientras Inglaterra y España seguían sumidas en una guerra por el control de las posesiones de los territorios de ultramar, este conflicto ya duraba muchos años.

En estas hermosas tierras bienaventuradas todos gozaban de paz, si bien en Margarita hubo una rebelión de esclavos por las pésimas condiciones existentes para la extracción de perlas y los piratas azotaban las costas de vez en cuando o robaban las mercancías que partían hacia España. Otros asuntos domésticos eran atendidos como la construcción o reparación de iglesias, o la insistencia ante el Consejo de Indias del incombustible Garci González de Silva para emprender de nuevo la conquista de los rebeldes indios cumanagotos y chacopatas,  cosa que se le estaba haciendo tan difícil que, incluso siete años después y ya siendo un hombre mayor, lo vuelve a solicitar, imagino que para sumar otro fracaso.

Es importante entender lo que pasaba un año antes, porque al año siguiente se precipitaron una serie de acontecimientos a tener en cuenta para comprender o acaso, juzgar desde nuestros ojos contemporáneos, si ese mal pudo haberse evitado o no, o si fue por desidia, o fruto de una orquestada trama. Eso lo podremos entender a continuación y que cada cual saque sus conclusiones.

En 1604 el Cabildo de Caracas decide hacer una nueva vía hacia la costa porque la que había estaba inservible, esto era necesario porque la ciudad más importante debía estar comunicada con el puerto. Al facilitar esta comunicación, es fácil adivinar que todo lo que llegara por esa vía, si no era controlado, subiría a la ciudad tan campante.

La vida en la villa discurría silenciosa, aunque de tanto en tanto alguna algarabía se escuchaba: fueran las fiestas en los grandes salones de la alcurnia criolla, acompasada por negros y esclavos desde los exteriores iluminados por los centelleantes ventanales, o el ruido que en el más crudo silencio de la madrugada podría venir de alguna bestia desconocida y de otras conocidas también.

Los indígenas más viejos contaban que sus antepasados no conocían a esas nuevas bestias que los colonos habían traído consigo: caballos, cerdos, vacas, ovejas, cabras, gallinas, perros y gatos. Los dos últimos les llamaban la atención porque eran muy cercanos a las casas y parecían inofensivos, si bien éstos eran los protagonistas de los incidentes más llamativos.

Las bestias para el transporte o la alimentación siempre estaban controladas y cumplían con su función, mientras que los otros, pese a ser llamados domésticos, eran un poco más peligrosos porque las mordeduras y los ladridos, los maullidos y los arañazos no eran cosa de ignorar. El asunto es que mientras se pudo, se convivió con estas bestias y se las controló del mejor modo posible, si un gato se pasaba de la raya o un perro mordía por morder se lo mataba y punto. Y, además, estos bichos venían con el resto del tropel y no eran considerados de modo especial. 

En 1604, Johannes Kepler observaba una supernova por primera vez y las coronas de Inglaterra y España firmaban la paz en Sommerset. En Margarita el obispo de Puerto Rico, fray Martín Vázquez, redacta una carta en la que, no sólo informa del estado ruinoso del convento de San Francisco y el de Santo Domingo, sino, que además, (si no fue en esa fue en otra) reclama que el gato que le regaló Don Pedro Fajardo, no le fuese requisado al tratarse de un regalo y que, como tal, no era una posesión de Don Pedro y, por tanto, tampoco de su majestad.

Evidentemente, lo que sucedió cambió la historia de Venezuela para siempre, porque estos perversos animalitos, entraron en nuestra historia como un símbolo de prestigio al ser considerados como regalo digno de un prelado. Así las cosas, los mantuanos se enteraron del hecho y todos, absolutamente todos quisieron tener un gato, no como cazador de roedores, no uno asilvestrado como los que maullaban hasta el cansancio en las apacibles noches caraqueñas… no, estos eran gatos mimados, caprichosos y sobre todo capaces de hacer con sus dueños lo que les diera la gana.

Estos bichos, que no podían ser espantados de las mesas ni de las tablas de la cocina, que se cagaban donde querían, que reposaban en el regazo de las damas sin inmutarse, que cargaban con las pulgas propias y ajenas que repartían con total generosidad, estos bichos, son los que cambiaron la historia de la ciudad, de la familia y de la civilización en Venezuela.

Nosotros pudimos haber sido un país sin gatos mimados, de no ser por los terribles acontecimientos que sucedieron en 1603 y 1604, de no ser por fray Martín Vázquez, de no ser por Francisco Mejía de Godoy, por Simón de Bolívar, el Mozo. Si todos estos se hubieran dignado a cumplir con sus deberes, habrían protegido nuestras fronteras, parado la invasión y detenido a estos seres execrables que, una vez, ronronean en el regazo de un prelado, ya pueden ser protagonistas de una disputa judicial y ganar así legitimidad y reconocimiento.

¡Sí, Venezuela, pudo haber sido un país libre de gatos mimados, de no ser por la desidia de sus gobernantes!




Comentarios

  1. Me encanta ese humor antropologico-costumbrista que auna en el absurdo las grandes y pequeñas cosas de la historia y de la ficcion. Al fin y al cabo una y otra no están tan distanciadas. Genial.

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    1. Estoy de acuerdo, creo que es una seña identitaria latinoamericana, somos grandes cuentistas e inventores de historias. Gracias por tus comentarios.

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    2. Muy buen relato , soy amantes de los gatos y si, los míos son mimados y culpables de mis gastos más relevantes 🍀

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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